Una de las historias más interesantes que conozco la guarda el municipio Mantua, al extremo noroccidental de la provincia Pinar del Río. El relato, recreado por Enrique Pertierra en sus libros de historia local, es tan fantástico como aterrador.
Sucede que en 1850, en la finca La Unión, adinerados españoles retomaron la explotación de una mina abandonada, a la cual nombraron La Unión. En 1853 inauguraron la explotación de sus recursos naturales ilusionados con el oro, pero solo encontraron hierro y cobre.
En La Vigía, Mantua, zona donde radicaba el yacimiento, aún perdura en el tiempo una gran chimenea, que pudiera exceder los 35 metros. Su fabricación necesitó 90000 ladrillos y el objetivo fue fundir los metales en ese propio lugar. En cambio, esta obra los llevó a la quiebra y según datos oficiales, significó el cierre de la empresa después de 1868.
Detonación de las galerías que significó la muerte de culíes chinos en Mantua
Mantua fue un refugio de culíes chinos, migrantes que fueron engañados y traídos a Cuba para ser explotados cruelmente. Según la historia, estos asiáticos fueron seducidos para venir a Cuba como fuerza laboral, pero firmaron un contrato en un idioma desconocido. En el convenio, legalmente serían responsables de trabajar doce horas diarias, por ocho años y un salario de cuatro pesos al mes.
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En la finca La Unión trabajaron varios años, pero llegado el momento del cierre definitivo de la empresa, ordenaron detonar las puertas de las galerías. Los dueños no querían dejar rastros al parecer, y los mitos lo definen como crimen. Según personas de la comunidad aledaña, en las noches se escuchaban gritos desde el lugar de seres que pedían ser auxiliados. El mito, que perdura hasta la actualidad, habla de que los culíes chinos quedaron atrapados en la maniobra, justo cuando detonaron las galerías. La intención era borrar todo el maltrato, la explotación, el yacimiento y el crimen en la antigua comunidad La Vigía, Mantua.

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